El Principe Vampiro - Darren Shan

portada.jpgSuperé los tres primeros Ritos, pero el cuarto acabó desastrosamente: habría muerto destripado por un jabalí salvaje de no ser por Harkat, que saltó al foso y mató al jabalí. El problema fue que su intervención iba contra todas las reglas. Mientras los vampiros debatían sobre mi destino, alguien se coló en mi celda y me condujo a la salvación. Era un vampiro rubio, esbelto, pacífico y muy inteligente llamado Kurda Smahlt, que pronto se convertiría en Príncipe. Yo creía que era mi amigo.

Mientras escapábamos, Gavner nos alcanzó y trató de convencerme de que debía regresar para enfrentarme al veredicto de los Príncipes. Kurda le persuadió de que me dejara ir. Pero cuando estábamos muy cerca de alcanzar la libertad, nos encontramos con una banda de vampanezes (los enemigos de piel púrpura de los vampiros, que matan a los humanos cuando beben de ellos) escondidos en una cueva.

Entonces fue cuando Kurda mostró su verdadera cara. Apuñaló y mató a Gavner, y comprendí que estaba aliado con los vampanezes. Intentó cogerme vivo, pero huí y caí en un río subterráneo. Kurda me habría salvado, pero rechacé la mano que me tendía y me entregué a la peligrosa corriente del río, que me arrastró vertiginosamente bajo tierra, hacia el vientre de la montaña y una muerte segura…

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La Ordalía De La Muerte - Darren Shan

portada05.JPGFue un viaje largo y penoso. Viajamos en compañía de unos amigos, Gavner Purl, cuatro lobos y dos Personitas, extrañas criaturas que trabajan para un amo misterioso llamado Mr. Tiny. Una de las Personitas pereció en el camino, atacada por un oso rabioso que había bebido la sangre de un vampanez muerto (los vampanezes son como los vampiros, pero con la piel púrpura y los ojos, las uñas y el pelo rojos… y siempre matan a sus víctimas cuando se alimentan de ellas). Fue entonces cuando la otra habló (era la primera vez que una Personita se comunicaba verbalmente con alguien), y nos reveló que su nombre era Harkat Mulds. Además, debía entregar un escalofriante mensaje de Mr. Tiny: el Lord Vampanez pronto se alzaría con el poder y dirigiría a los asesinos de piel púrpura a una guerra contra los vampiros… ¡y ganaría!

Finalmente, llegamos a la Montaña de los Vampiros, donde éstos viven en un entramado de túneles y cavernas. Trabé amistad con un grupo de vampiros: Seba Nile, que había sido el maestro de Mr. Crepsley cuando éste era joven; Arra Sails, una de las pocas vampiresas que existen; Vanez Blane, el instructor tuerto; y Kurda Smahlt, un General que pronto se convertiría en Príncipe.

No impresioné a los Príncipes ni a la mayor parte de los Generales. Opinaban que era demasiado joven para ser vampiro, y le reprocharon a Mr. Crepsley el haberme convertido. Para demostrar que era digno de ser un semi-vampiro, tuve que comprometerme a realizar los Ritos de Iniciación, una serie de pruebas muy duras que usualmente se reservaban para los aspirantes a Generales. Cuando decidí aceptar el desafío, me aseguraron que, si lo superaba, los vampiros me considerarían parte del clan. Lo que no me dijeron hasta un rato después (y para entonces ya era demasiado tarde para echarme atrás), era que si fracasaba en las pruebas… ¡me matarían!

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La Montaña De Los Vampiros - Darren Shan

shan-darren-04-la-montana-de-los-vampiros-portada.JPGAquellos seis años habían sido estupendos. Me convertí en un artista habitual del Cirque, actuando con Madam Octa (la araña venenosa de Mr. Crepsley) cada noche, asombrando y aterrorizando al público. Aprendí también unos cuantos trucos mágicos, que introduje en nuestro número. Me llevaba bien con todos los miembros del Cirque. Me acostumbré a aquel estilo de vida errante, y había sido una buena época.

Ahora, tras seis años de estabilidad, teníamos que emprender otro viaje hacia lo desconocido. Sabía algo acerca del Consejo y la Montaña de los Vampiros. Los vampiros estaban regidos por unos soldados llamados Generales Vampiros, que se aseguraban de que se cumplieran sus leyes. Ejecutaban a los vampiros locos o malvados y mantenían a raya al resto de los no muertos. Mr. Crepsley había sido un General Vampiro, pero renunció mucho tiempo atrás, por razones que nunca había revelado.

Una vez cada cierto tiempo (ahora sabía que era cada doce años), los Generales se reunían en una fortaleza secreta para discutir sobre lo que quiera que fuese que esas criaturas nocturnas bebedoras de sangre discutían cuando estaban juntas. No acudían solamente los Generales (había oído que los vampiros corrientes también podían ir), pero la mayoría lo eran. Yo no sabía dónde estaba esa fortaleza, ni cómo se iba hasta allí, ni por qué tenía que presentarme ante el Consejo… ¡pero lo iba a descubrir!

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