Pedro Paramo - Juan Rulfo

pedro42845.jpgPedro Páramo se publicó en 1955, dos años después de los relatos de El llano en llamas.

En el arranque de la novela, Juan Preciado promete a su madre en el lecho de muerte ir en busca de su padre, Pedro Páramo, un pequeño cacique pueblerino a quien no conoce. «El olvido en que nos tuvo cóbraselo caro» le dice ella, y Juan parte hacia Comala, un pueblo mítico que es el verdadero protagonista de estas páginas.

Allí, envuelto en una tierra vieja que está sobre las brasas de la tierra, «en la mera boca del infierno», se encontrará con las voces de la memoria de personajes de ensueño, que irán tejiendo una historia de deseos y pasado, de muertos y visiones irreales, que abarca desde mediados del XIX a las revueltas cristeras de comienzos del XX.

Anclada en terreno firme, la novela se dispara en múltiples direcciones rompiendo el tiempo, confundiendo realidad y alucinación, fundiendo violencia y lirismo con sus conversaciones
entrecortadas. Entre espectros, la desolación de Comala hace realidad ese «valle de lágrimas» que compone la geografía universal del dolor, llena de ecos, violencia y aire envenenado.

En su laconismo, Pedro Páramo supone un impresionante ejemplo de condensación narrativa. Rulfo vio la necesidad de que el autor desapareciera y dejara hablar a sus personajes libremente, mediante una estructura «construida de silencios, de hilos colgantes, de escenas cortadas», cediendo el turno al lector para que llene esos vacíos. A fín al realismo mágico, el ambiente de esta historia se tiñe de soledad, fatalismo y mitología.

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Enrique IV - Willian Shakespeare

enriqueto.jpgLo primero que hay que señalar es que esta obra en realidad son dos obras de teatro, aunque suele ser habitual que se publiquen juntas, pero aún así hay que tenerlo en cuenta no sea que cojáis una que solamente conste de una de las partes y os quedeís con la información incompleta.

Enrique IV se trata de una de las obras históricas que tiene como tema central la historia de Inglaterra, en este caso centrada en la figura de este rey y de su hijo el príncipe, el futuro Enrique V, y los problemas internos que surgieron por su acceso al trono. Como es habitual podemos apreciar otra serie de temas como son la fidelidad, las apariencias, el honor en la batalla, etc. junto a temas más frívolos como la juventud o las amistades poco recomendables que aligeran la tragedía y crean grandes momentos de humor.

Si al escribir Ricardo II, Shakespeare fue más allá de los avatares del juego político e indagó en la condición humana del rey y en el comportamiento de los hombres, en Enrique IV no sólo avanzó más aún por esta senda, sino que incorporó por primera vez un decisivo ingrediente de comedia al drama histórico. En pocas ocasiones planteó Shakespeare tan claramente la relación entre diversión y obligación, humanidad y autoridad, logrando una abundancia de contrastes y una riqueza de emociones que ya no volverían a aparecer en este género. La incorporación de este mundo cómico con escenas de taberna y vida popular se centra en la figura de Falstaff, una de las creaciones más extraordinarias del autor y uno de esos personajes de la literatura universal que se salen de la página.

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Dracula - Bram Stoker

dracula.jpgLa novela, publicada en mayo de 1897 (Westminster, Archibald Constable and Company), despliega erudición sobre vampirismo. El vampiro ha logrado conquistar la muerte, más que la inmortalidad, puesto que está condenado a vivir casi como un espectro. El término vampiro es eslavo, proviene del serbio “vampir” y del ruso “upir”. No existe en rumano una palabra para designar al vampiro. Algunos traducen el término rumano “strogoi” como vampiro, pero este vocablo se refiere a una bruja o espectro, no a un vampiro. Algunos dicen que “nosferatu” es la palabra rumana para vampiro, pero en realidad proviene del griego “nosophoro”, que significa “portador del mal”. La verdad es que los vampiros ni siquiera provienen de Transilvania, vienen principalmente de Hungría, Serbia, Moldavia y los países eslavos.

El vampiro es conocido “en todos los lugares en que ha existido el hombre”, le hace decir Stoker a su personaje, el doctor Van Helsing, médico experto en “enfermedades oscuras”. “Ha seguido el rastro del berserker islandés, del huno, engendrado por el diablo; del eslavo, el sajón, el magiar”.

En las primeras páginas de su novela, Stoker insinúa la seducción horrorosa del vampiro. En un castillo decadente, rodeado de un paisaje invernal y solitario, un hombre cultivado, aristocrático y atemorizante acaba de franquear la entrada a un joven inglés con la frase clave: “Entre usted libremente y por su propia voluntad”. El conde Drácula no refleja su imagen en los espejos; y es que la superstición decía que el vampiro había perdido su alma (las antiguas culturas relacionan la imagen reflejada con el espíritu). Drácula es peligroso, repugnante y veladamente sensual. Pronto se verá que convive con espectros. Pero estos espectros son voluptuosas figuras femeninas. Esta imagen del vampiro no es un invento de Stoker, se había desarrollado ampliamente con anterioridad, desde la publicación del relato El Vampiro de Polidori en 1816, hasta la publicación de La buena Lady Ducayne en 1896, un año antes de la publicación de Drácula. El vampiro había tomado varios nombres, Lord Ruthven, Lord Seymour, Sir Francis Varney, y había tenido mucho éxito en toda Europa en espectáculos de circo, obras de teatro, melodramas, óperas, novelas, cuentos y folletines.

Mediante diarios personales de los principales personajes y cartas que éstos se intercambian, Stoker desarrolla una historia en la que se revela la desmesurada ambición de poder de Drácula, quien se traslada a Londres y mueve ejércitos de ratas, niebla, lobos, murciélagos y tormentas para lograr su objetivo.

Stoker conocía los detalles de la superstición y refiere los poderes del vampiro (capacidad de alterar el clima, de lograr obediencia de seres repulsivos, como las ratas, moscas, arañas y los murciélagos, pero también de los lobos y los zorros), fuerza sobrehumana, posibilidad de convertirse en animal o niebla. El vampiro huye de la luz diurna, que lo debilita pero no lo destruye, puede moverse en el mediodía durante un escaso período de tiempo (el conde Drácula en la novela aparece a plena luz del día buscando a Mina Harker); duerme sobre tierra traída de su lugar natal, en el interior de un ataúd; bebe sangre humana (su único alimento) y convierte en vampiros a las personas a las que asesta su mordedura fatídica. Se lo puede mantener a raya con crucifijos, ristras de ajo, hostias y agua bendita, pero para que muera realmente se debe clavar una estaca en su corazón, decapitarlo o herirlo con una bala de plata.

El Drácula de Stoker tiene todos los elementos de los vampiros que lo precedieron, más algunas características tomadas del hombre lobo, cuya historia había sido publicada poco antes.

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